Rentables y sustentables: una clara visión en la gestión de huella de carbono

Cómo una importante empresa del oeste bonaerense utiliza SIMA para gestionar la huella de Carbono y avanzar hacia una agricultura más integrada, eficiente y sustentable.

SIMA y huella de carbono: tecnología aplicada a la sustentabilidad agropecuaria

Gracias a la adopción de SIMA, la empresa agropecuaria Sacfil logró integrar datos productivos con mediciones de huella de carbono, dando un salto cualitativo en su modelo de gestión. Con más de 14.000 hectáreas en Buenos Aires y una visión sistémica del campo, Sacfil S.A avanza hacia una producción que combina eficiencia económica, regeneración ambiental y acción colectiva. El director ejecutivo, Ricardo Negri, destacó cómo esta herramienta digital les permitió registrar y cruzar información clave para tomar más de 60 decisiones técnicas por campaña, tan sólo en maíz.

Además de mejorar la trazabilidad y la sistematización de la información productiva, SIMA permitió a Sacfil acceder a certificaciones ambientales que derivaron en bonificaciones económicas significativas a lo largo de dos campañas consecutivas. Estos incentivos resultaron entre 2 y 3 dólares por tonelada entregada vinculadas al registro de la huella ambiental, un esquema que se aplica sobre el volumen comercializado. El beneficio promedio por tonelada se explicó por la posibilidad de contar con información productiva y ambiental digitalizada, ordenada y presentada bajo los estándares requeridos por las empresas que reconocen y premian este tipo de prácticas. Posteriormente, ese dinero fue reinvertido íntegramente en gestión ambiental, demostrando que la sostenibilidad no solo es posible, sino rentable y sin esfuerzo extra de carga de datos. La empresa también eliminó más de 50 kilómetros de alambrado interno para favorecer corredores biológicos, marcando un hito en su transición hacia una gestión por paisaje.


Negri enfatiza que el verdadero valor de la tecnología aparece cuando se integra con la cultura de trabajo del campo. “La tecnología sola no alcanza. Tiene que acompañar los procesos y adaptarse a la realidad del productor”, afirmó. Además, sugiere que plataformas como SIMA deben seguir evolucionando, incorporando funcionalidades como recomendaciones georreferenciadas, paneles de control más intuitivos y mayor flexibilidad operativa. En un país donde la confianza sostiene miles de millones de dólares en transacciones agroindustriales anuales, la transparencia y el dato confiable son aliados estratégicos.

Sacfil: una empresa familiar que transforma el campo con visión a largo plazo

Conducida por Ricardo Negri, Sacfil es una empresa familiar que ha sabido combinar tradición e innovación. Desde 2021, Sacfil atraviesa una reconversión profunda hacia una gestión ambiental por paisaje. Esto implica repensar el uso del suelo con una mirada sistémica, integrando caminos, médanos, montes nativos y corredores biológicos para favorecer la biodiversidad. Han eliminado barreras físicas internas como alambrados, generando conectividad ecológica entre ambientes productivos y naturales. De cara a 2030, el desafío es avanzar hacia una gestión colectiva de la napa freática junto a campos vecinos, un cambio que requiere innovación no solo tecnológica, sino también institucional.
Este enfoque refuerza el concepto de que la agricultura regenerativa no es incompatible con la rentabilidad. Muy por el contrario, Sacfil demuestra que gestionar carbono, nutrientes y agua con precisión es una inversión que se traduce en mejores márgenes y en acceso a mercados más exigentes. Para lograrlo, la empresa apuesta a herramientas como SIMA, que les permite visualizar el presente productivo en tiempo real y planificar con base en datos concretos.

Adopción tecnológica en agroindustria: decisiones y algo de cultura

Negri concluye que la verdadera adopción tecnológica en el agro ocurre cuando una herramienta no solo es funcional, sino que está en sintonía con la cultura organizacional. “Toda tecnología opera dentro de un paquete”, afirmó, aludiendo a que ninguna solución sirve si no se adapta a los procesos y dinámicas del campo. En Argentina, donde los costos tecnológicos son desproporcionados, el productor necesita soluciones que aporten valor real, no solo sofisticación.
Un cultivo de maíz, explica Ricardo, implica hasta 90 decisiones entre técnicas y comerciales. Por eso, las plataformas tecnológicas deben estar preparadas para acompañar esa complejidad sin simplificarla de forma ingenua. La digitalización tiene sentido si permite optimizar detalles que impactan directamente en los costos, como el uso de urea. De hecho, aplicar urea con inhibidores permitió a Sacfil reducir su huella de carbono en un 20% y generar ahorros sin afectar el rendimiento.

En este contexto, la adopción tecnológica no es una moda, sino una necesidad estructural. Sacfil lo demuestra con datos, resultados y una convicción clara: producir alimentos de manera sustentable requiere precisión, cultura organizacional fuerte y herramientas digitales que estén a la altura del desafío. La tecnología, entonces, no es un fin en sí mismo, sino un medio para gestionar mejor en un entorno desafiante y dinámico.

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